jueves, 16 de agosto de 2018

MENSAJE A LOS JÓVENES DEL AÑO 2000


12 de agosto de 1948: Mensaje de Juan Domingo Perón a los jóvenes del año 2000
 
En la celebración del aniversario de la Reconquista de Buenos Aires, efectuada el 12 de agosto de 1948, una columna de estudiantes transportó un cofre muy parecido a una urna funeraria, en cuyo interior estaba guardado -dentro de un tubo de aluminio- un mensaje manuscrito de Perón. A los pies del monumento a Manuel Belgrano se hizo un pozo de 80 centímetros de profundidad donde fue ubicado el cofre. Después se lo cubrió con cemento y una baldosa de mármol. Así debía permanecer hasta el 12 de agosto del 2006, año en que se iban a cumplir los 200 años de las Invasiones Inglesas.

Pero en 1955, luego del sangriento golpe contrarrevolucionario de la “Revolución Libertadora”, el cofre y su mensaje fueron desenterrados y destruidos.

El 12 de agosto del 2000 la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires enterró en la misma Plaza de Mayo un texto facsímil del mensaje de Perón, el cual fue desenterrado y dado a conocer el 12 de agosto del 2006.





MENSAJE A LOS JÓVENES DEL AÑO 2000 

Juan Domingo Perón 

(Escrito en 1950 y dado a conocer el 17 de Agosto de 2000)

"La juventud argentina del año 2000 querrá volver sus ojos hacia el pasado y exigir a la historia una rendición de cuentas encaminada a enjuiciar el uso que los gobernantes de todos los tiempos han hecho del sagrado depósito que en sus manos fueron poniendo las generaciones precedentes, y también si sus actos y sus doctrinas fueron suficientes para llevar el bienestar a sus pueblos y para conseguir la paz entre las naciones.

Por desgracia para nosotros, ese balance no nos ha sido favorable. Anticipémonos a él para que conste, al menos, nuestra buena fe y confesemos lealmente que ni los rectores de los pueblos ni las masas regidas, han sabido lograr el camino de la felicidad individual y colectiva.
En el transcurso de los siglos hemos progresado de manera gigantesca en el orden material y científico, y si cada día se avanza en la limitación del dolor, es solamente en su aspecto físico, porque en el moral, el camino recorrido ha sido pequeño.



El egoísmo ha regido muchas veces los actos de gobierno y no es el amor al prójimo, ni siquiera la compasión o la tolerancia, lo que mueve las determinaciones humanas.

Esa acusación resulta aplicable tanto a los pueblos como a los individuos. Cierto que en uno y en otros se dan ejemplos de altruismo, pero como hechos aislados de poca o ninguna influencia en la marcha de la humanidad. Es cierto que en ocasiones parece que se ha dado un gran impulso en favor de los nobles ideales y de las causas justas, pero la realidad nos llama a sí y nos hace ver que todo era una ilusión. Apenas terminada la guerra, ponemos nuestra esperanza en que ha de ser la última porque las diferencias entre las naciones se han de resolver por las vías del derecho aplicado por los organismos internacionales. Pocos años bastan para demostrarnos con un conflicto bélico de mayores proporciones el tremendo error en que habíamos caído. Hasta el aspecto caballeresco de las batallas se ha perdido y hoy vemos con el corazón empedernido cómo al cabo de veinte siglos de civilización cristiana, caen en la lucha niños, mujeres y ancianos.

Apenas un conflicto social ha sido resuelto vemos asomar otro, de más grandes proporciones, no siempre solucionado por las vías de la inteligencia y de la armonía sino por la coacción estatal o de las propias partes contendientes más fuertes, no el del mejor derecho.

Frente a esta lamentable realidad: ¿de qué han servido las doctrinas políticas, las teorías económicas y las elucubraciones sociales? Ni las democracias ni las tiranías, ni los empirismos antiguos ni los conceptos modernos han sido suficientes para aquietar las pasiones o para coordinar los anhelos. La libertad misma queda limitada a una hermosa palabra, de muy escaso contenido, pues cada cual la entiende y la aplica en su propio beneficio. El capitalismo se vale de ella no para elevar la condición de los trabajadores procurando su bienestar, sino para deprimirles y explotarles. Los poseedores de la riqueza no quieren compartirla con los desposeídos sino aceptarla y monopolizarla. E inversamente, los falsos apóstoles del proletariado quieren la libertad más para usarla como un arma en la lucha de clases que para obtener lo que sus reivindicaciones tengan de justas.

No ha empezado a alborear el liberalismo económico cuando -para impedir sus aplausos- tiene el Estado que iniciar una intervención cada vez más intensa a fin de evitar el daño entre las partes y el daño a la colectividad. Pero tampoco su intervencionismo constituye un remedio eficaz porque, o es partidista, o busca anular las libertades individuales y con ellas a la propia persona humana.

El mundo ha fracasado. Mas este fracaso, ¿será tan absoluto que no deje un mínimo resquicio a la esperanza? Posiblemente podamos mantener el optimismo con la ilusión de que el avance de la humanidad hacia su bienestar es tan lento que no lo percibimos, pero de cada evolución queda una partícula aprovechable para el mejor desarrollo de la humanidad. El avance es invisible y está oculto por sus propios vicios a que antes he aludido, pero no por eso deja de existir.

Se haría más perceptible si cada uno de nosotros se despojase de algo propio en beneficio de sus semejantes, si tratase de dirigir las disputas con la razón y no con la violencia. Dentro de mis posibilidades así he procurado hacerlo y, en este sentido, he orientado mi labor de gobernante. Válgame por lo menos la intención y sea ella la que juzguen y valoren mis críticos del porvenir.

La humanidad debe comprender que hay que formar una juventud inspirada en otros sentimientos, que sea capaz de realizar lo que nosotros no hemos sido capaces. Ésa es la verdad más grande que en estos tiempos debemos sustentar sin egoísmos, porque éstos nos han conducido solamente a desastres.

En nuestra querida Argentina, el panorama descripto se ha sentido sin ser cruento, pero en el orden general, los hechos prueban que ha sido el acierto la resolución que ha precedido nuestra realidad. La independencia política que heredamos de nuestros mayores hasta nuestros días, no había sido colectivizada por la independencia económica que permitiera decir con verdad que constituíamos una nación socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana.



Por eso nosotros hemos luchado sin descanso para imponer la justicia social que suprimiera la miseria en medio de la abundancia; por eso hemos declarado y realizado la independencia económica que nos permitiera reconquistar lo perdido y crear una Argentina para los argentinos, y por eso nosotros vivimos velando porque la soberanía de la Patria sea inviolable o inviolada mientras haya un argentino que pueda oponer su pecho al avance de toda prepotencia extranjera, destinada a menguar el derecho que cada argentino tiene de decidir por sí dentro de las fronteras de su tierra.

Contra un mundo que ha fracasado, dejamos una doctrina justa y un programa de acción para ser cumplido por nuestra juventud: ésa será su responsabilidad ante la Historia.
¡Quiera Dios que ese juicio les sea favorable y que al leer este mensaje de un humilde argentino, que amó mucho a su Patria y trató de servirla honradamente, podáis -hermanos del 2000- lanzar vuestra mirada sobre la Gran Argentina que soñamos, por la cual vivimos, luchamos y sufrimos!"

jueves, 26 de julio de 2018

PRESENTACIÓN DEL LIBRO "GEOPOLITICA Y ABORTO" 26-07-18






Según datos oficiales, públicos (como los del Fondo de Población de Naciones Unidas) y privados (como los del Alan Guttmacher Institute) , son asesinados casi 60 millones de niños por nacer a lo largo del mundo., invocándose un supuesto “derecho al aborto” inventado como tal por uno de los miembros más prominentes de la familia Rockefeller, en el año 1972, para justificar la implementación de la pena de muerte para los seres humanos más inocentes y más indefensos de todos.

En este libro intentamos responder al gran interrogante que se plantea ante este panorama: quiénes y por qué diseñaron el plan de l control de la natalidad a nivel global , y de qué modo lo configuraron y ejecutaron hasta en sus mínimos detalles, hasta conseguir imponer el aborto como derecho “humano” de la mujer y asegurarse el ejercicio del mismo , lo que ha desencadenado y provocado el invierno demográfico, es decir, el envejecimiento poblacional a escala global , magistralmente definido por san Juan Pablo II como “holocausto demográfico”.

En el fondo, el control de la natalidad y, en especial, la implantación del aborto como ”derecho humano” de la mujer constituye la política demográfica de un grupo minúsculo de familias, dueño de las finanzas y de la economía mundiales, ejecutada para asegurarse el disfrute “en paz” de las riquezas que se han apropiado y acaparado en perjuicio de los pueblos y naciones del mundo.

Sacar a la luz este genocidio es nuestro objetivo. Esperamos que quienes lean este texto puedan acceder a conocer los detalles de este asesinato silencioso que en el curso de un siglo han asesinado a casi mil millones de seres humanos, sin darles oportunidad de llegar a la existencia.

CAPÍTULO I El NUEVO ORDEN MUNDIAL Y LA «NECESIDAD» DEL HOLOCAUSTO DEMOGRÁFICO
CAPÍTULO II ANTECEDENTES HISTÓRICOS ANTINATALISTAS
CAPÍTULO III EL CONTROL DEL CRECIMIENTO POBLACIONAL COMO PROBLEMA CORPORATIVO PRIVADO CONVERTIDO EN CUESTIÓN DE ESTADO
CAPÍTULO IV LOS ORGANISMOS INTERNACIONALES AL SERVICIO DE LA PLUTOCRACIA FINANCIERA MUNDIAL
CAPÍTULO V EL CRECIMIENTO POBLACIONAL AMERICANO COMO PROBLEMA DE ESTADO QUE AFECTA EL AMERICAN WAY OF LIFE
CAPÍTULO VI EL CRECIMIENTO POBLACIONAL MUNDIAL COMO AMENAZA A LA SEGURIDAD NACIONAL… DE LOS ESTADOS UNIDOS. EL RESPALDO DE LA ONU
CAPÍTULO VII LA TRANSMUTACIÓN CULTURAL «EMBARAZO NO DESEADO» Y «JUSTICIA SOCIAL»

CAPÍTULO VIII LAS FUNDACIONES Y ORGANISMOS «CARITATIVOS» PRIVADOS
CAPÍTULO IX PROGRESISTAS E IZQUIERDISTAS «NACIONALES Y DEMOCRÁTICOS» AL SERVICIO DEL PROYECTO DE LA PLUTOCRACIA FINANCIERA MUNDIAL
CAPÍTULO X LOS ABORTOS QUÍMICOS, EN PARTICULAR EN LA POBLACIÓN JUVENIL
CAPÍTULO X EL CRECIMIENTO POBLACIONAL CERO O EL HOLOCAUSTO DEMOGRÁFICO
CAPÍTULO XII LOS RICOS SON SUBSIDIADOS LOS POBRES SON ENDEUDADOS
CONCLUSIÓN
APÉNDICE 1: DECLARACIÓN SOBRE POBLACIÓN
APÉNDICE 2: DR. JÉRÔME LEJEUNE
APÉNDICE 3: JOSEPH CARDENAL RATZINGER
APÉNDICE 4: EFECTOS DE LOS ANTICONCEPTIVOS ORALES

Exposición Senado 18 07 1981

sábado, 23 de junio de 2018

Contracara Nº 29: Macri inc., la economía al servicio de las corporaciones

Contracara Nº 29: 

Macri inc., la economía al servicio de las corporaciones



Juan Manuel Soaje Pinto entrevista al Dr. Juan Carlos Vacarezza, contador público nacional, académico, consultor económico, ex-vice decano de la Universidad de Lómas de Zamora; y autor de varios libros y artículos, "De esto no se habla - La otra economía", "No robarás - Historia de la deuda externa argentina" y su última obra, "Políticamente Incorrecto". Libros que podrá adquirir por medio del correo electrónico: jcv_cvcya@ciudad.com.ar de Juan Carlos Vacarezza.
Habla sobre la inflación, tasas de interés, Dolar, BCRA, País emergente?, Inversiones y muchos temas mas que hacen a la política económica

viernes, 22 de junio de 2018

1973 - 21 de Junio - 2018 PERÓN VUELVE

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1973 - 21 de Junio - 2018
PERÓN VUELVE        Imagen integrada
PERÓN ES VIDA


Hace 45 años el General Juan Domingo Perón volvía definitivamente a la Argentina que tanto amaba y a la que le ofrendó su vida, a esta Argentina que alguna vez, en el exilio, llamó “nuestra querida Argentina”…
Venía a ayudar para hacer realidad esa Argentina Potencia que pregonaba en ese entonces, en claro y abierto desafío al juicio condenatorio que muchos años antes había formulado el infame Winston Churchill, al decir que “no dejemos que la Argentina sea una potencia. Arrastrará tras de sí a toda América Latina”.
Ese día se congregaron en Ezeiza casi dos millones de personas, para ir al reencuentro definitivo del Líder de la argentinidad, que ofrecía sus últimos meses de vida para ayudar a que la Argentina encontrara definitivamente su camino de liberación y justicia social que tanto anhelaba.
Pero la soberbia de los que se sentían superiores a Perón y la torpeza de quienes creían que la disputa ideológica de fondo en el Peronismo se debía resolver con las mismas armas que utilizaban los infiltrados de entonces impidió el reencuentro físico de Perón con el Pueblo que había concurrido a fundirse en un gigantesco abrazo con él.
Al día siguiente, el 21 de junio, Perón dirigió un mensaje a la Nación Argentina, para rubricar así el sentido de su regreso definitivo. Lo hizo con un discurso que transcribimos a continuación, no sólo por nostalgia, sino porque como todos sus otros mensajes y discursos, su palabra tiene innegable vigencia y actualidad.
La tiene especialmente hoy, cuando algunos sobrevivientes soberbios de aquella época y muchos de sus descendientes políticos no sólo siguen inmersos en la soberbia irracional de creerse superiores a Perón y pretenden reemplazarlo por mediocres y efímeros pigmeos disfrazados de dirigentes, sino que en forma traicionera y alevosa pretenden legitimar el asesinato de los que siempre fueron, para Perón y Evita, los únicos privilegiados que tenían el derecho de aprender a sonreír desde la infancia.
Frente a esta traición artera que pisotea y prostituye una de las políticas sociales y morales más sagradas del Peronismo, el mensaje lleno de esperanza y de vida de Perón sigue teniendo absoluta y plena vigencia. Quienes queremos ser fieles al legado de Perón tenemos la obligación y la inmensa pero hermosa responsabilidad de hacer que la voz y el mensaje de vida de Perón siga hablando a las actuales y a las futuras generaciones de compatriotas y de todos los hermanos del mundo que quieran habitar y vivir en paz en nuestra hermosa y querida Argentina.


Mensaje de Juan Domingo Perón al país
Por la cadena nacional de radiodifusión
Día 21 de Junio de 1973

“Deseo comenzar estas palabras con un sa­ludo muy afectuoso al Pueblo Argentino.
Llego del otro extremo del mundo con el corazón abierto a una sensibilidad patriótica que sólo la larga ausencia y la distancia pueden avivar hasta su punto más alto. Por eso, al hablar a los ar­gentinos lo hago con el alma a flor de labio y deseo que me escuchen también con el mismo estado de ánimo. 
Llego casi desencarnado. Nada puede per­turbar mi espíritu porque  retorno sin rencores ni pasiones, como no seala pasión que animó toda mi vida: servir lealmente a la Patria. Y sólo pido a los argentinos que tengan fe en el Gobierno justicialista, porque ése ha de ser el punto de partida para la larga marcha que iniciamos. Tal vez la iniciación de nuestra acción pueda parecer indecisa o imprecisa, pero hay que tener en cuenta las circunstancias en las que la iniciamos.
La situación del país es de tal gravedad que nadie puede pensar en una reconstrucción en la­ que no debe participar y colaborar. Este proble­ma como ya lo he dicho muchas veces, o lo arreglamos entre todos los argentinos o no lo arregla nadie. Por eso, deseo hacer un llamado a todos, al fin y al cabo hermanos, para que comencemos a ponernos de acuerdo.
Una deuda externa que sobrepasa los 6.000 millones de dólares y un  déficit cercano á los tres billones de pesos, acumulados en estos años, no han de cubrirse en meses sino en años. Nadie ha de ser unilateralmente perjudicado, pero tampoco ninguno ha de pretender medrar con el perjuicio o la desgracia ajena. No son estos días para enriquecerse desaprensivamente, sino para reconstruir la riqueza común, realizando a una comunidad en la que cada uno tenga la posibilidad de realizarse.
El Movimiento Justicialista, unido a todas las fuerzas políticas, sociales, económicas y militares que quieran acompañarlo en su cruzada, de liberación y reconstrucción del país, jugara su destino dentro de la escala de valores establecida primero la Patria, después el Movimiento  y luego los  hombres en un gran movimiento nacional y popular que pueda respaldarlo.
Tenemos una revolución que realizar, pero para que ella sea válida ha de ser de construcción pacífica y sin que cueste la vida de un solo argentino. No estamos en condiciones de seguir destruyendo frente a un destino preñado de acechanzas y peligros. Es preciso volver a lo que en su hora fue el apotegma de nuestra creación: "de casa al trabajo y del trabajo a casa". Sólo el trabajo podrá redimirnos de los desatinos pasados.
ORDENEMOS PRIMERO NUESTRAS CABEZAS Y NUESTROS ESPÍRITUS. Reorganicemos al país y dentro de él al Estado que preconcebidamente se ha pretendido destruir y que debemos aspirar a que sea lo mejor que tengamos para corresponder a un pueblo que ha demostrado ser maravilloso Para ello elijamos los mejores hombres, provengan de donde provinieren, acopiemos la mayor cantidad de materia gris, todo juzgado por sus genuinos valores en plenitud y no por subalternos intereses políticos, influencias personales o bastardas concupiscencias.

Cada argentino ha de recibir una misión en este esfuerzo de conjunto. Esa misión será sagrada para cada uno y su importancia estará más que nada en su cumplimiento. En situaciones como la que vivimos, todo puede tener influencia decisiva y así como los cargos honran al ciudadano, éste también debe ennoblecer los cargos.
Si en las Fuerzas Armadas de la República, cada ciudadano, de general a soldado, está dispuesto a morir tanto en defensa de la soberanía nacional como del orden constitucional establecido, tarde o temprano han de integrarse al pueblo que ha de esperarlas con los brazos abiertos como se espera a un hermano que retorna al hogar solidario de los argentinos.
NECESITAMOS UNA PAZ CONSTRUCTIVA SIN LA CUAL PODEMOS SUCUMBIR COMO NACIÓN. Que cada argentino sepa defender esa paz salvadora por todos los medios, y si alguno pretendiera alterarla con cualquier pretexto, que se le opongan millones de pechos y se alcen millones de brazos para sustentarla con los medios que sean. Sólo así podremos cumplir nuestro destino.
Hay que volver al orden legal y constitucional como única garantía de libertad y justicia. En la función pública no ha de haber cotos cerrados de ninguna clase y el que acepte la responsabilidad ha de exigir la autoridad que necesita para defenderla dignamente. Cuando el deber está  por medio, los hombres no cuentan sino en la medida en que sirvan mejor a ese deber. La responsabilidad no puede ser patrimonio de los amanuenses.

Cada argentino, piense como piense y sienta como sienta, tiene el inalienable derecho a vivir en seguridad y pacíficamente. El Gobierno tiene la insoslayable  obligación de asegurarlo. Quien altere este principio de la convivencia, sea de un lado o de otro, será el enemigo común que debemos combatir sin tregua, porque no ha de poderse hacer nada en la anarquía que la debilidad provoca o en la lucha que la intolerancia desata.
Conozco perfectamente lo que está ocurriendo el país. Los que crean lo contrario se equivocan. Estamos viviendo las consecuencias de una post-guerra civil que, aunque desarrollada embozadamente no por eso ha dejado de existir. A ello se le suma las perversas intenciones de los factores ocultos que, desde la sombra, trabajan sin cesar tras designios no por inconfesables menos reales.
 Nadie puede pretender que todo esto cese de la noche a la mañana, pero todos tenemos el deber ineludible de enfrentar activamente a esos enemigos, si no querernos perecer en el infortunio de nuestra desaprensión o incapacidad culposa.

Pero el Movimiento Justicialista, que tiene una trayectoria y una tradición, no permanecerá  frente a tales intentos y nadie podrá cambiarlas a espaldas del Pueblo que las ha afirmado en fecha muy reciente y ante la ciudadanía que comprende también cuál es el camino que mejor conviene a la Nación Argentina. CADA UNO SERÁ LO QUE DEBA SER O NO SERÁ NADA.
Así como antes llamamos a nuestros compatriotas en "La Hora del Pueblo", "El Frente Cívico de Liberación" y "El Frente Justicialista de Liberación", para que mancomunando nuestros ideales y nuestros esfuerzos pudiéramos pujar por una Argentina mejor, el Justicialismo, que no ha sido nunca ni sectario ni excluyente, llama hoy a todos los argentinos, sin distinción de banderías, para que todos solidariamente nos pongamos en la perentoria tarea de la reconstrucción nacional, sin la cual estaremos todos perdidos. Es preciso llegar así, y cuanto antes, a una sola clase de argentinos: los que luchan por la salvación de la Patria, gravemente comprometida en su destino por los enemigos de afuera y de adentro.
Los Peronistas tenemos que retornar a la conducción de nuestro Movimiento. Ponerlo en marcha y neutralizar a los que pretenden deformarlo desde abajo o desde arriba. NOSOTROS SOMOS JUSTICIALISTAS.  Levantamos una bandera tan distante de uno como de otro de los im­perialismos dominantes. No creo que haya un argentino que no sepa lo que ello significa. No hay nuevos rótulos que califiquen a nuestra doc­trina ni a nuestra ideología: SOMOS LO OUE LAS VEINTE VERDADES PERONISTAS DICEN. No es gritando la vida por Perón que se hace Patria, sino MANTENIENDO EL CREDO POR EL CUAL LUCHAMOS.

Los viejos peronistas lo sabemos. Tampoco lo ignoran nuestros muchachos que levantan nuestras banderas revolucionarias. Los que pretextan lo inconfesable, aunque cubran sus falsos designios con gritos engañosos, o se empeñen peleas descabelladas, no pueden  engañar a nadie. Los que no comparten nuestras premisas, si se subordinan al veredicto de las urnas tienen un camino honesto para seguir en la lucha que ha de ser para el bien y la grandeza de la Patria, no para su desgracia.
Los que ingenuamente piensan que pueden copar a nuestro Movimiento o tomar el poder que el Pueblo ha reconquistado se equivocan.
Ninguna simulación o encubrimiento, por ingeniosos que sean, podrán engañar a un pueblo que ha sufrido lo que el nuestro y que está animado por una firme voluntad de vencer. Por eso, deseo advertir a los que tratan de infiltrarse en los estamentos populares o estatales que por ese camino van mal.
 Así, aconsejo a todos ellos tomar el único camino genuinamente nacional: cumplir con nuestro deber de argentinos sin dobleces ni designios inconfesables. Nadie puede ya escapar a la tremenda experiencia que los años y el dolor y los sacrificios han grabado a fuego en nuestras almas y para siempre.
Tenemos un país que a pesar de todo no han podido destruir.  Rico en hombres y rico en bienes. Vamos a ordenar el Estado y todo lo que de él dependa que pueda haber sufrido depredaciones y olvidos.  Esa será la principal tarea del gobierno. El resto lo hará el Pueblo Argentino, que en los años que corren ha demostrado una madurez y una capacidad superior a toda ponderación.

 En el final de este camino está la Argentina potencia, plena de prosperidad, con habitantes que puedan gozar del más alto "standard" de vida, que la tenemos en germen y que sólo debemos realizar. Yo quiero ofrecer  mis últimos años de vida a un logro que es toda mi ambición.  Sólo necesito que los argentinos nos crean y nos ayuden a cumplirla.
La inoperancia, en los momentos que tenemos que vivir, es un crimen de lesa Patria. Los que estamos en el país tenemos el deber de producir, por lo menos, lo que consumimos. Esta no es hora de  vagos  ni de inoperantes. Los científicos, los técnicos, los artesanos y los obreros que estén fuera del país deben retornar a él a fin de ayudarnos en la reconstrucción que estamos planificando y que hemos de poner en ejecución en el menor plazo.
Finalmente, deseo exhortar a todos mis compañeros peronistas para que, obrando con la mayor grandeza, echen a la espalda los malos recuerdos y se dediquen a pensar en el futuro y en la grandeza de la Patria, que bien puede estar desde ahora en nuestras propias manos y en nuestro propio esfuerzo.
A los que fueron nuestros adversarios, que acepten la soberanía  de pueblo, que es la verdadera soberanía, cuando se quiere alejar el fantasma de los vasallajes foráneos, siempre más  indignos y costosos.

A los enemigos, embozados, encubiertos o disimulados, les aconsejo que cesen, en sus intentos, porque cuando los pueblos agotan su paciencia suelen hacer tronar el escarmiento.
Dios nos ayude, si somos capaces de ayudar a Dios. La oportunidad suele pasar muy quedo. ¡Guay de los que carecen de sensibilidad e imaginación para no percibirla!
Un grande y cariñoso abrazo para todos mis compañeros, y un saludo afectuoso y lleno de respeto para el resto de los argentinos”. 
ES PALABRA DE PERÓN